10.6.12

YOCASTA



A mi hijo Cristóbal


Cuando Edipo terminó de comer su pastel de manzanas, Yocasta, o Gioconda -(nunca me aprendí bien su nombre)-, retiró el plato con esa dedicación propia de las madres y le pasó una servilleta de papel para que se limpiara la boca.  Lo miró con arrobamiento hasta que una nubecilla gris, como esas neblinas que de pronto cubren los bosques costeros, le fue templando la mirada mientras oía el sonido del teléfono.  Se abalanzó sobre el aparato y lo levantó con cautela.  Una melosa vocecita nórdica la saludaba con desparpajo: 'Hola, tía, ¿está Edipo? (Larga pausa a este lado de la línea, para dar mayor dramatismo a la acción).  Yocasta estruja el enorme ovillo de celos que le retuerce las entrañas y con su voz más ponderada responde: 'Sí, mijita; lo llamo'.
            Edipo ya se ha puesto de pie y con la mirada radiante se dirige raudo hacia el teléfono de su dormitorio.  Cierra la puerta y espera hasta que Yocasta cuelgue para responder.  La noble progenitora se queda allí, tumbada en el sillón del living, sin saber qué hacer.  Luego se va a su propio dormitorio, saca un pañuelo de fina seda del closet y comienza a morderlo con fruición.  Enciende el televisor y observa cómo una bella y rubia adolescente mueve provocativamente sus caderas frente a un joven alto y musculoso que la coge por la cintura al ritmo de la lambada.  Pero Yocasta sólo está atenta al lento deslizarse de los números rojos que se van sucediendo implacables en el reloj del velador.  Las diez y treinta, las diez cincuenta; finalmente el clic a las once y cinco.  Rápidos pasos hacia la puerta de calle le indican que la velada familiar nocturna -Edipo recostado sobre su falda, ella acariciándole la cabeza, y cine de medianoche en el televisor- eran sólo recuerdos de otras épocas.
            -Chao, mamá.  Voy a salir -apenas se oye tras el golpe seco de la puerta de calle.
            Yocasta, resignada, va hacia el refrigerador, se sirva un enorme vaso de diet cocacola, y se toma un diazepam.  Enseguida se desviste y contempla en el espejo la marchita realidad; se enfunda en su camisa de dormir y entra en la cama con desgano.  Apaga la luz, y mientras se va hundiendo en el sopor, ve a Edipo bailando con la rubia de la televisión.

          Al día siguiente, tras constatar que Edipo duerme plácidamente en su cama, Yocasta se ducha animosa mientras planea su día.  Cumpleaños de la reina madre.  Habrá que escoger con cuidado el menú para la cena a la luz de las velas, ceremonia privada y estrictamente, familiar.  Con Layo lejos, en viaje de negocios, ha pensado que es preferible celebrar este día en la más completa intimidad, a solas con su hijo unigénito, que ha prometido estar temprano en casa.
          Se viste primorosamente, se maquilla con cuidado y se dirige al Jumbo en busca de ostras frescas y otras exquisiteces.  Elige un camembert francés legítimo, baguetes, aceitunas de Azapa y los más pequeños pepinillos en 'dill'; recorre las estanterías de los vinos, seleccionando dos botellas de Miguel Torres Bellaterra para acompañar las ostras. ¡Ah! y Sangre de Toro para el asado; no olvidar los ingredientes para el postre, que preparará con sus propias y delicadas manos.
El día se consume en los preparativos la cena, nueva ducha y cambio de atuendo. La mesa puesta, las copas de cristal de las ocasiones especiales y la vajilla heredada de la suegra. (No sé por qué me acordé de la suegra en este momento tan trascendental en la vida de mi protagonista, pero continuemos el relato).
          Edipo guardó la bicicleta en el garaje y saludó a Yocasta con un beso distraído.  De pronto, al verla tan almidonada y compuesta, recordó.
          - Mamá, perdona, se me olvidó y no te compré nada.  Te lo debo, viejita.
          Yocasta sonríe comprensiva. ¿Qué podría importar un regalo ante la dicha de tenerlo una velada completa para ella sola?
          - Hijo, dúchate y cámbiate de ropa. ¿Por qué no te pones un poquito de ese Drakkar Noir que te di para la Pascua? - dijo ella mimosa.  Edipo sonrió y obedeció con presteza.
          A las nueve todo estaba listo.  Edipo lucía encantador mientras procedía a descorchar la botella del aperitivo.  De pronto, el timbre.
          -¿Quién podrá ser? -preguntó Yocasta contrariada, mientras Edipo salía hacia la reja.
            Tardó varios minutos y, cuando regresó, le brillaban los ojos.  Con una sonrisa despreocupada anunció:
   -Mamá, Grete pasaba Por aquí, y la invité a comer porque después saldremos a una fiesta. 





15 comentarios:

  1. Me encantó, lo había leído antes, pero un placer volver a leerlo. Sólo que creí que continuaría, :c, me dejo con ansias de seguir leyendo lo que sigue, o no sigue?

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  2. Lo que sigue queda a la imaginación del lector. Demás está decir que las esperanzas maternas habitualmente son frustradas respecto de la disponibilidad de los hijos.

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    1. me Podrías Dar Un Resumen Necesito Hacer Un Trabajo Y Tengo Un Poco Malo El Vocabulario Te Lo Agradecería Mucho Me Salvarías De Un 2 :)

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    2. jijijijij y te reis ma encima

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  3. Claro que es un cuento, ficción absoluta. Aunque siempre hay algo de verdad que lo motiva.

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    1. deme un resumeeen y que tipo de mundo es :)

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  4. incestoooo jijijijiijijjiij

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  5. Cuales son las alteraciones temporales en este cuento? son prolepsis o analepsis? ayudaaa a a a a a a ))):

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  6. no seas mierda si el cuento es bueno

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  7. me podrias dar un breve resumen del "cuento"

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    1. imagina que el cuento es un resumen de la vida cotidiana

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  8. por la misma mierda no me responden

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  9. La verdad es que leí recien este cuento hace unos días atrás, lo encontre en la prueba que un profe nos hizo en la U (Analisis e interpretación de tetos narrativos) y este cuento era parte de un análisis que debiamos hacer. Admito que mientras lo leía me reía bastante, probablemente por la similitud con la realidad. Muy buen cuento.

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    1. Hasta las ficciones más imaginativas parten desde algún punto de la realidad. Gracias por tu opinión.

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